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Wednesday, June 1, 2011

Prisoner of Paradise (Bob Chinn y Gail Palmer, 1980)



Joe Murrey (John Holmes), militar estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, naufraga hasta una isla desierta tras un ataque a su barco. Tras un tiempo sobreviviendo en la isla, encuentra un campamento nazi donde un general repudiado por Hitler tortura prisioneras americanas junto a dos lugartenientes (Seka y Sue Carol).



Representado, casi siempre, de forma perversa, el nazismo ha sido utilizado en un buen número de películas porno de una u otra forma. Este filme de Bob Chinn “(Johnny Wadd”, 1971) y Gail Palmer (“Hot Summer in the City”, 1976), aunque de soslayo, es un buen ejemplo de esta moda que triunfó más en la época dorada que en nuestros días, aunque filmes como “Pornstar Superheroes” también lo han incluido en su trama recientemente.


“Prisoner of Paradise” es porno del de antes, hecho con un concepto claro de lo que es el cine. Perfectas localizaciones, secuencias estudiadas, desarrollo de personajes… y, por supuesto, mucho sexo, porque la trama no está reñida con la carne.


John Holmes es el protagonista absoluto de la cinta. De hecho, una buena parte es sólo él en estupendas secuencias sin diálogos en la isla, aprendiendo a sobrevivir, y en recuerdos fuera de ella, con el anhelo de lo que dejó atrás, la delicada Mai Lin. Y por otro lado, tenemos a los malos malísimos nazis en secuencias menos profundas, pero bien ideadas y que plantean el verdadero conflicto a Holmes más allá del de salir de la isla.


Como he dicho, nadie echará en falta sexo en el filme. Holmes se tira en su recuerdo a Mai Lin antes de un bombardeo, juega con las nazis Seka y Sue Carol, también con Nikki Anderson y, al final, con su nueva y sustitutiva asiática, Jade Wong. Y, por su parte, las alemanas se divierten también con Anderson y con el culo de Brenda Vargo.


Algunas escenas de sexo están algo forzadas, rompiendo parte de la seriedad de la película, pero, aún así, resulta un trabajo encomiable y un gran entretenimiento que no decepcionará a nadie que vaya buscando buen cine porno.

Lo Mejor: Las nazis Seka y Sue Carol

Lo Peor: Que no se recree lo suficiente en los cuerpos de las chicas












Thursday, December 17, 2009

Bon Appétit (Chuck Vincent, 1980)

Otra de esas joyas de la edad de oro del porno. Chuck Vincent ("Bad Penny", "Roommates" ) dirige en esta película a una todavía novata Kelly Nichols en su periplo sexual alrededor del mundo. Nichols intrepreta a Faith, una camarera de fiestas de alta sociedad que acepta la apuesta de la señorita Tillman (Gloria Leonard), que está dispuesta a pagar un cuarto de millón de dólares a la que consiga seducir a los 10 mejores amantes del planeta en 50 días. Así, Faith se embarca en un viaje por Europa y Estados Unidos junto a Scott (Randy West), un fotografo que deberá dejar constancia de los logros.


En fabuloso tándem con Bill Slobodian en el guión, Vincent construye una historia atractiva y con ritmo y la decora con localizaciones selectas. Las Vegas, Washington, Nueva York, Los Ángeles, Munich, Roma, París, Londres... la pareja protagonista visita todas estas ciudades y nos ofrece una selecta ruta turística mientras busca a sus víctimas. Y Vincent lo rueda todo con delicadeza y con la presteza de un profesional. Porque ante todo, lo que hacía Vincent era cine y el sexo, aunque muy presente, básico y bien rodado, era sólo un fabuloso ingrediente más que hacía el relato mucho mejor.


La estupenda Kelly Nichols es la protagonista absoluta del filme, y realiza una fantástica actuación a nivel tanto interpretativo como sexual para tratarse de uno de sus primeros papeles en el cine X (antes había hecho sus pinitos en cine convencional y había sido doble de Jessica Lange en las escenas de desnudo de "King Kong"). Interpreta de manera convincente a una mujer decidida, segura de sí misma, pero frágil sentimentalmente, que encuentra en este periplo la aventura de su vida.


Kelly Nichols es la más presente en la parte sexual con siete de las 11 escenas. Las más destacadas son, quizá, la que comparte con un pintor francés tras seducirlo a él (y  a nosotros) con sus mejores artes eróticas. Y por curiosa y divertida a la par que sensual, la mamada que le hace a un presentador de informativos mientras está trabajando.


Junto a las escenas de Nichols, encontramos a Randy West compartiendo fluidos con Kandi Barbour en exteriores y con Merle Michaels y Samantha Fox en un burdel, esta última, una de las mejores escenas de la película. Y en la fantástica fiesta de la piscina, tenemos a otras dos parejas pasándolo bien, una en una barca hinchable en la piscina, otra en una tumbona sobre el césped. Son escenas cortas, bien rodadas y con mucho goce por parte de los participantes.


Hay que destacar también la presencia de Gloria Leonard, sin escenas de sexo, pero fantástica a su 40 años; la genial banda sonora que acompaña a los protagonistas en sus viajes; y la gran cantidad escenas de exteriores, que le dan un punto extra a la producción.


"Bon Appétit" constituye así un buen ejemplo del cine X clásico y de eso que le falta a gran parte del porno argumental actual: la frescura de un cine liberal que sabía llegar a la gente.

Lo mejor: La frescura del cine clásico

Lo peor: la primera escena sexual


Sunday, March 29, 2009

Sesión Doble: The Satisfiers of Alpha Blue + Metropolis

Hoy os recomiendo "The Satisfiers of Alpha Blue", uno de los mejores filmes que rodó el desaparecido pionero del cine porno Gerard Damiano. Los beneficios que le reportó "Deep Throat" (los primeros, él no vio ni un centavo de los millones que ha reportado a lo largo de los años), le permitieron realizar "The Devil in Miss Jones", verdadera muestra de su talento cinematográfico. Desde ahí, Damiano fue indagando en sus pasiones e inquietudes y en 1980 su ingenio dio lugar a esta maravilla.

La historia transcurre en un futuro cercano en el que el mundo es pacífico y perfecto y donde no existe ni el matrimonio ni el amor. Cada uno tiene su cometido y la reproducción es metódica y asistida, y el placer sexual se consume como la comida rápida. Sin embargo, un hombre que vivió el amor y los placeres mundanos en el pasado quiere que todo vuelva a ser como antes.

Se trata de una de las primeras incursiones del porno en la ciencia ficción y de las más interesantes. Lo que más impresiona del filme de Damiano es que no sólo es interesante, excitante, entretenido y bien realizado; sino que además es reflexivo. Los personajes principales, y en concreto el interpretado por Robert Bolla, están muy bien construidos y sus carácteres se complementan y muestran todas las caras del prisma de la sociedad de Alpha Blue. Vemos las tres caras de su mundo: la de las satisfiers, resignadas, orgullosas y ajenas al problema; la del compañero de Bolla (interpretado por un joven Herschell Savage) contento con la vida que viven, sin inquietudes ni problemas; y la del protagonista, que reivindica el libre albedrío, los placeres mundanos y el cambio social. Los diálogos son inteligentes, bien construidos y siempre con mensaje. Sin caer en excesivos tópicos del género de ciencia ficción y con un planteamiento algo minimalista, Damiano nos hace reflexionar sobre el status quo, el destino personal, el amor y la libre elección de nuestros caminos.

Entre las muchas escenas dignas de mención, cabe destacar la preciosa y simbólica secuencia inicial, primera escena sexual del filme, que transcurre tras una pantalla roja a través de la cual sólo vemos siluetas (escena que Paul Thomas homenajeó hace poco en "Debbie Does Dallas... Again"). Otra es la de la cena de Bolla y Lysa Thatcher, donde él le ofrece vino, desaparecido desde hace tiempo, y le da de comer pollo asado, otro manjar olvidado en su futuro. En esta escena, sin aparente importancia, Bolla con sus palabras y actos y Damiano con la realización están haciendo un alegato por el libre albedrío y los placeres mundanos, desaparecidos en la sociedad de Alpha Blue. Para rematar, al final de los créditos, tras la carnal y excitante orgía final, tenemos un cameo del propio Damiano, que mira a la cámara con la satisfacción del voyeur que ha hecho bien su trabajo.



Para acompañar al filme de Damiano os traigo una excelente película del alemán Fritz Lang, "Metropolis". En 1927, al borde de la llegada del sonoro, Lang construyó, a partir del guión de su mujer Thea von Harbou, este pionero filme de ciencia ficción en el que nos habla de la represión y la lucha social. En ella, se conjugan la revolución social marxista y la organización social nacionalsocialista, haciéndose patente la fuerte influencia marxista de la época y la incipiente entrada del nazismo, del cual el filme recibió su censura así como las alabanzas de Hitler, que vivió maravillado por la visión de Lang.

La película nos muestra la futura ciudad estado de Metropolis, gobernada por el orden, la limpieza y la tecnología y donde la sociedad está dividida en dos facciones: los ociosos y pensadores que viven en la superficie y los trabajadores sometidos, que viven bajo la ciudad y hacen funcionar todo el mundo exterior. Una mujer, María, que aboga por el pacifismo, da esperanzas a la sociedad trabajadora. El hijo del amo de la ciudad baja al inframundo y, tras ver las condiciones que sufren los trabajadores, se une a María, de la que se enamora profundamente. El dueño de la ciudad, temiendo lo peor, ordena al científico Rottwang que envíe a un robot de su invención a suplantar a María. Sin embargo, el androide se rebelará e incitará una rebelión que podría acabar para siempre con la ciudad y sus habitantes (otras versiones del filme muestran como el dueño de la ciudad quiere que el robot incite una revuelta entre los trabajadores que le permita ejercer una represión asesina sobre ellos).

Es asombrosa toda la parafernalia tecnológica que muestra el filme, la arquitectura, el diseño, la amenaza tecnológica, el tratamiento de la robótica y la teoría de la rebelión de las máquinas, así como los espléndidos efectos visuales, que aún hoy resultan increíbles si pensamos en la época que se realizó. El diseño del robot (que primero es metálico y luego toma la apariencia de María) inspiró la imagen de C3PO y se convirtió en una de las primeras máquinas antropomórficas del cine. Se ha criticado mucho, y seguramente con razón, el final del filme, algo decepcionante no por la idea en sí, que es buena, sino porque quizá no cuadra con la intencionalidad y el mensaje del resto de la película. Nunca sabremos a ciencia cierta cuánto de idea original y cuánto de censura tienen la culpa de este final.

En 1984, Giorgio Moroder decidió realizar un experimento con este filme e hizo su propia versión (sin la cual, posiblemente, la película original no se hubiera conservado hasta nuestros días). Realizó un nuevo montaje a partir la recopilación de todo el material existente, incluyendo todas las copias y fotografías de escenas perdidas encontradas poco antes. Eliminó los intertítulos y sustituyó algunos por subtítulos, tintó las imágenes mediante virado con diferentes colores, dependiendo del lugar donde se desarrollara la acción, añadió efectos sonoros y transformó su partitura clásica en una serie de temas pop-rock compuestos por él mismo y Pete Bellote e interpretados por grandes de los ochenta como Freddie Mercury. Así nació un espectacular remake de "Metrópolis," clásico instantáneo y olvidado del cine, que pone aún más de relevancia la genialidad de la obra de Lang.